
SANTIAGO.– La pelota se detuvo por un instante en el Estadio Cibao. Antes de que Águilas Cibaeñas y Tigres del Licey abrieran otro capítulo del clásico más encendido del Caribe, un ambiente de fiesta y nostalgia se apoderó de las gradas para rendir tributo a un hombre acostumbrado a lanzar bajo máxima presión: Julián Tavárez, el “Muñeco” de los nervios de acero.
Con los archirrivales Tigres y Aguilas listos para otra batalla, ly leno hasta el límite de sus 20 mil asientos, el estadio que fue testigo de grandes hazañas de Tavárez, soy testigo de que las Águilas reconocieron el orgullo con que el “Muñeco” vistió la franela número 50.
En una ceremonia cargada de colorido, recuerdos y simbolismo, las Águilas retiraron el número el dorsal que Tavárez inmortalizó durante la década de los 90, cuando sus salidas eran sinónimo de drama, coraje y campeonatos para el equipo amarillo.
En la tarde-noche sabatina, el Estadio Cibao volvió a ser su escenario, pero esta vez no para cerrar o abrir un juego, sino para abrirle las puertas definitivas de la eternidad aguilucha.
Un ícono rodeado de sus leyendas
Julián no estuvo solo. Como si se tratara de una alineación de ensueño, a su alrededor desfilaron figuras que marcan distintas generaciones del club: Miguel Diloné, Tony Peña, Winston “Chilote” Llenas, Arturo Peña, Héctor Luna, Tony Batista, Ángel Castro, Joaquín Bernoit, José Luis García, Fernando Hernández, T.J. Peña, Claudio Vargas, y José Luis Garcia,
Aquella constelación de estrellas convirtió el terreno en una especie de túnel del tiempo, donde reaparecieron jugadas, series inolvidables y noches de gloria que aún viven en la memoria de la fiel fanaticada aguilucha.
Entre aplausos prolongados, Tavárez recibió la camiseta enmarcada con su número 50 y una placa de reconocimiento, entregadas por Víctor García Sued, presidente del Consejo Directivo de Águilas Cibaeñas, en un gesto que selló la gratitud institucional hacia uno de sus grandes símbolos competitivos.
El 50, número reservado para la eternidad
El momento cumbre de la ceremonia llegó cuando fue develado el número 50 en la galería de inmortales del club, allí donde reposan las mayores grandezas de la franquicia. Desde ahora, ese dorsal no volverá a ser usado por jugador alguno: pertenece para siempre a la historia y a la memoria del equipo cibaeño.
El número 50 de Julián Tavárez se suma desde hoy a la élite de dorsales inmortalizados por las Águilas Cibaeñas, acompañado por leyendas como Miguel Diloné (1), Chilote Llenas (3), Miguel Tejada (4), Tony Peña (14), Luis Polonia (22), Arturo Peña (24) , Julián Javier (25), 29 de Julito Martínez, 31 de Guillermo García y 32 de Nino Espinosa
Ya no se trata solo de cifras sobre una camiseta, sino de símbolos que resumen capítulos completos de la historia amarilla.
Números que respaldan la leyenda
Más allá del carisma y de la agresividad competitiva que mostraba cada vez que subía al montículo, la grandeza de Tavárez se sostiene en números sólidos. En serie regular dejó marca de 15-14, efectividad de 3.62, 77 partidos lanzados —49 como abridor— y 248 ponches en 263.0 entradas, demostrando consistencia a lo largo de distintas etapas de su carrera con las Águilas.
Donde el “Muñeco” se hizo realmente inmortal fue en la postemporada y en el escenario internacional. En los playoffs registró 21-11 y efectividad de 2.97, consolidado como brazo de confianza en momentos límite. Desde su debut en 1992–1993, cuando terminó invicto con 7-0 entre serie regular, Round Robin y final, acumuló nueve coronas de LIDOM y cinco títulos de Serie del Caribe con los 22 veces campeones nacionales, con registro de 5-2, efectividad de 3.75, WHIP de 1.35 y selecciones al Todos Estrellas caribeño en 1994 y 1998.

