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WASHINGTON (AP) — Decenas de alcaldes y otros líderes municipales se reunieron en el salón de baile de un hotel en Washington, una nevada mañana de enero de este año, dominados por la ira y la ansiedad ante la operación de control migratorio cada vez más agresiva del gobierno federal, que incluyó las muertes de dos ciudadanos estadounidenses en Minneapolis.
Y entonces el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, subió al escenario.
“Por primera vez en 250 años de historia de los Estados Unidos de América, bueno, ustedes no solo serán invadidos, sino conquistados”, dijo, mientras la audiencia de la Conferencia Nacional de Alcaldes reaccionaba mayormente en silencio.
“Serán conquistados por el fútbol”, agregó, en un intento de rematar la broma y entusiasmar al público con el Mundial, que será organizado conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá desde el jueves hasta el 19 de julio.
Antes del torneo, Infantino ha logrado acercarse al presidente Donald Trump, creando un premio de la paz que le fue otorgado y visitando con frecuencia la Casa Blanca, incluida una parada la semana pasada, cuando fue fotografiado junto al mandatario republicano admirando cambios en las afueras de la Oficina Oval.
Pero Infantino ha tenido dificultades prácticamente con todos los demás.
En un país profundamente polarizado, pocas cosas unen tanto a los líderes electos fuera de la Casa Blanca como el escepticismo hacia Infantino y la FIFA, el organismo rector del deporte más popular del mundo. Es un sentimiento que cruza la división partidaria y se extiende desde Washington hasta capitales estatales y ayuntamientos.
Los precios de las boletas provocan críticas bipartidistas
Hay alcaldes como Zohran Mamdani, de Nueva York, y Karen Bass, de Los Ángeles, ambos demócratas, que han cuestionado los precios de las entradas. Mamdani finalmente consiguió 1,000 boletos para neoyorquinos a 50 dólares por asiento.
Los fiscales generales de Nueva York y Nueva Jersey, también demócratas, iniciaron el mes pasado una investigación sobre los precios de las entradas. En Nueva Jersey, la gobernadora Mikie Sherrill, otra demócrata, exigió ayuda de la FIFA para cubrir millones de dólares en costos de transporte, antes de recurrir finalmente a nuevos ingresos publicitarios para cubrir el déficit.
A pesar de sus vínculos con Infantino, incluso Trump ha criticado los precios de las entradas del Mundial, diciendo a The New York Post que no pagaría los 1,000 dólares para ver a Estados Unidos jugar su partido inaugural contra Paraguay.
En una entrevista, el senador republicano Todd Young, de Indiana, quien jugó fútbol de División I en la Academia Naval de Estados Unidos, dijo que la FIFA ha estado “desconectada de la gente común en todo el mundo”.
“Realmente es una camarilla dirigida por élites”, agregó Young. “Han tenido problemas de corrupción a lo largo de los años, y uno realmente tiene la sensación de que podrían pasar por alto su misión principal, que es ayudar a hacer crecer el deporte, especialmente entre los jóvenes de todo el mundo que de otra manera no tendrían los recursos para acceder al fútbol”.
“Todo buen fanático del fútbol internacional desearía que Infantino apareciera un poco menos en las noticias y se dedicara más a promover el juego”, dijo en una entrevista el representante Rick Larsen, demócrata por Washington.
Un representante de la FIFA no respondió a una solicitud de comentarios. Los críticos de la FIFA dijeron que, aun así, seguían entusiasmados con el torneo de 48 selecciones. Algunos legisladores señalaron que Infantino está tratando de moverse dentro de un ambiente político complicado en Estados Unidos.
Infantino está “haciendo el trabajo que necesita hacer en términos de cultivar la relación con la administración Trump”, dijo el representante Darin LaHood, republicano por Illinois y presidente del Caucus Congresual de Fútbol.

