COOPERSTOWN, Nueva York (AP).— Carlos Beltrán, Andruw Jones y Jeff Kent ingresaron este domingo al Salón de la Fama del Béisbol ante unos 12,000 aficionados, en una ceremonia marcada por los homenajes a sus países de origen y a sus familias.
Beltrán celebró profundamente sus raíces puertorriqueñas. El veterano de 20 temporadas y Novato del Año de la Liga Americana en 1999 agradeció a cada organización para la que jugó, pero explicó que eligió la gorra de los Mets porque Nueva York transformó su vida. También reconoció tanto a quienes votaron por él como a quienes cuestionaron su candidatura, sin referirse directamente al escándalo de robo de señales de los Astros en 2017. Fue elegido con el 84.2 % de los votos en su cuarto intento.
Jones convirtió su discurso en una declaración de amor a Curazao. El diez veces ganador del Guante de Oro y cinco veces All-Star se convirtió en el primer pelotero de esa isla exaltado a Cooperstown. Recordó especialmente a su fallecido padre, Henry Jones, quien desde niño le enseñó a perseguir elevados y fortalecer sus muñecas. “Papá, lo logramos”, expresó. Jones recibió el 78.4 % de los votos en su noveno año de elegibilidad.
Kent, Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en 2000 y líder histórico de jonrones entre los intermedistas, mostró un lado más emotivo. Recordó que su padre le prometió una camioneta si conseguía una beca universitaria. Kent dejó las carreras de motocicletas, se concentró en los estudios y el béisbol y obtuvo una beca para la Universidad de California en Berkeley. Todavía conserva aquella camioneta como símbolo de la decisión que cambió su vida.
Beltrán, Jones y Kent quedaron unidos para siempre en Cooperstown por sus brillantes carreras, pero también por el reconocimiento a las personas y los lugares que hicieron posible su llegada a la inmortalidad.


