Por Tuto Tavárez
SANTIAGO.– Después de medio siglo dedicado al béisbol, primero como jugador y luego como dirigente, Tony Peña, uno de los nombres más respetados en la historia del béisbol dominicano, oficializó su retiro definitivo del deporte que marcó su vida.
Receptor élite de la República Dominicana, segundo dirigente dominicano en conquistar el premio Manager del Año en las Grandes Ligas, único estratega que ha guiado al país a un título del Clásico Mundial de Béisbol, y múltiple campeón en la Liga Dominicana y la Serie del Caribe, Peña decidió cerrar el capítulo que comenzó el 22 de julio de 1975, cuando firmó su primer contrato profesional con los Piratas de Pittsburgh.![]()
Hoy vive lo que él mismo define como “su otra vida”.
El estadio ha sido reemplazado por la finca. El bate por herramientas de labranza. Y el mascotín con el que atrapaba pelotas ahora sirve para cargar plátanos, papas y otros productos que cultiva en su tierra.
Ya no reúne a un grupo de peloteros para salir al terreno; ahora da órdenes al ganado que corretea en su finca de su natal Palo Verde.
En Santiago también mantiene activa su faceta empresarial con Peñantial, su empresa de agua, y un estadio donde funcionan tres escuelas dedicadas a la formación de jóvenes peloteros.
“Dios me ha prestado esas cosas para vivir lo que llamo la otra vida”, manifestó el exreceptor y dirigente.
Sin embargo, dentro de todos esos logros materiales, Peña asegura que hay algo que ocupa el primer lugar en su corazón: disfrutar de sus nietos, fruto de sus hijos Tony Jr., Francisco y Jennifer, a quienes formó junto a su esposa Amaris.
“Estoy disfrutando de esas cosas que Dios me ha prestado, pero mi mayor tesoro es que estoy abueleando”, expresó con orgullo.
Peña reconoce que alejarse del béisbol no es sencillo.
“Mi vida ha sido el béisbol, pero siempre llega un paréntesis. Este es el momento de vivir mi otra vida”, dijo durante una entrevista en el programa Momento Deportivo, conducido por Héctor García y Franklin Martínez.
“Retirarse no es fácil; siempre queda una burbujita cuando uno va al play. Pero me mantengo activo y eso me ayuda a aceptar el retiro”, agregó.

Una carrera marcada por el agradecimiento
Uno de los rasgos que siempre distinguió a Tony Peña fue su disposición de vestir el uniforme de las Águilas Cibaeñas, sin importar lo exigente que fuera su calendario en las Grandes Ligas.
“Siempre jugué por agradecimiento con las Águilas, porque fue el equipo que me abrió las puertas, por Tito Hernández y por la fanaticada”, recordó.
En las Grandes Ligas defendió los colores de los Piratas de Pittsburgh, Cardenales de San Luis, Indios de Cleveland y Astros de Houston.
Durante su carrera conquistó tres Guantes de Oro consecutivos en la Liga Nacional y posteriormente ganó otro en la Liga Americana, convirtiéndose en apenas el segundo receptor en lograr esa distinción en ambos circuitos.
Además, fue seleccionado a cinco Juegos de Estrellas y se distinguió por un estilo único detrás del plato.
En las mayores acumuló 6,489 turnos al bate, conectó 1,687 hits para promedio de .260, con 107 cuadrangulares, 708 carreras impulsadas y 667 anotadas. Incluso como receptor mostró velocidad en las bases, robándose 80 bases.
Como dirigente también dejó huellas.
En 2003 fue nombrado Manager del Año en las Grandes Ligas al frente de los Reales de Kansas City, y en 2013 condujo a la República Dominicana a conquistar de manera invicta el Clásico Mundial de Béisbol.
Ídolo eterno de las Águilas
En la Liga Dominicana, Tony Peña es una figura histórica de las Águilas Cibaeñas.
Participó en 533 partidos, agotó 2,017 turnos oficiales y conectó 563 imparables, para promedio de .279. Entre sus batazos se cuentan 41 jonrones, 9 triples y 84 dobles, con 322 carreras impulsadas, 245 anotadas y 25 bases robadas.
Es el único pelotero en LIDOM con dos temporadas de 41 carreras impulsadas. En su primera campaña ganó tanto el Novato del Año como el Jugador Más Valioso (MVP).
Posteriormente regresó al conjunto aguilucho como dirigente, conduciendo al equipo a dos campeonatos nacionales y una Serie del Caribe.
Así, Tony Peña cierra oficialmente una de las trayectorias más completas y respetadas del béisbol dominicano: un hombre que brilló detrás del plato, lideró desde el dugout y que hoy, lejos de los estadios, comienza a disfrutar plenamente la otra vida que el juego le permitió construir.

