SANTIAGO.– El automovilismo dominicano perdió este jueves a una de sus figuras más influyentes con el fallecimiento, a los 76 años, de Henry Krausz, destacado piloto, dirigente deportivo y expresidente de la Federación Dominicana de Automovilismo.
Su muerte provocó expresiones de pesar en la Federación Internacional del Automóvil (FIA) y en la Federación Dominicana de Automovilismo (FDA), instituciones que resaltaron su liderazgo, su visión y los aportes que realizó durante más de cinco décadas al desarrollo del deporte motor.
Krausz fue mucho más que un dirigente nacional. Su mayor legado consistió en llevar la representación de la República Dominicana hasta los principales espacios de decisión del automovilismo mundial, en una disciplina tradicionalmente dominada por países de amplia historia, grandes fabricantes y poderosas federaciones.
Durante catorce años formó parte del Consejo Mundial del Automovilismo, organismo de la FIA encargado de estudiar y aprobar reglamentos, calendarios y decisiones relacionadas con las competencias internacionales, desde el kartismo hasta la Fórmula 1.
También integró el Senado de la FIA y las comisiones de Circuitos y Seguridad. A principios de este año fue reconocido como miembro honorario de la organización, una distinción que confirmó el respeto y el prestigio alcanzados a lo largo de su trayectoria internacional.
Krausz fue además el primer dominicano en desempeñarse como comisario de la FIA en la Fórmula 1, una responsabilidad reservada para especialistas con amplios conocimientos reglamentarios, independencia de criterio y capacidad para evaluar incidentes en el máximo nivel de las carreras de autos.
Su presencia en esas instancias permitió que el nombre de la República Dominicana figurara junto al de representantes de naciones con una profunda tradición automovilística. Más que ocupar una posición, abrió un espacio para el país y demostró que el talento y la capacidad de liderazgo podían superar las limitaciones de una nación pequeña dentro del mapa mundial de la velocidad.
Su historia comenzó en 1970 como socio fundador del Club de Automovilismo del Norte (CADEN). En aquellos primeros años también se destacó como piloto y conquistó el campeonato de la categoría A de rallies, antes de iniciar una carrera dirigencial que transformaría el automovilismo nacional.
Como presidente de la Federación Dominicana de Automovilismo impulsó la organización institucional, la vinculación del país con la FIA y la preparación de pilotos, oficiales, comisarios y dirigentes.
Su visión no se limitaba a organizar competencias. Krausz entendía que el crecimiento del automovilismo requería reglamentos, seguridad, formación, reconocimiento internacional y estructuras capaces de perdurar más allá de una generación.
También promovió el desarrollo del kartismo, respaldó la premiación de los campeones nacionales y valoró el trabajo de pilotos, colaboradores, oficiales y comunicadores vinculados al deporte motor.
Su trayectoria internacional le permitió vivir de cerca etapas importantes de la Fórmula 1 y coincidir con épocas marcadas por figuras legendarias como Ayrton Senna y Michael Schumacher. Fue testigo, además, de acontecimientos deportivos y políticos que contribuyeron a transformar la FIA y el automovilismo mundial.
La Federación Dominicana de Automovilismo calificó su fallecimiento como una pérdida irreparable y lo definió como uno de los principales arquitectos del desarrollo y la proyección internacional de la velocidad dominicana.
La FIA, por su parte, destacó sus catorce años de servicio en el Consejo Mundial, su participación en el Senado y en las comisiones de Circuitos y Seguridad, además de expresar solidaridad con sus familiares y amigos.
Las reacciones de ambas instituciones reflejan la verdadera dimensión de su figura. Henry Krausz fue un referente nacional, pero también un dominicano respetado en los escenarios más importantes del automovilismo internacional.
Más que un piloto o un dirigente, fue un puente entre la República Dominicana y el mundo de la velocidad.
Su partida deja un vacío profundo, pero también un legado institucional que permanecerá vivo en las generaciones de pilotos, oficiales y dirigentes que encontraron en él un ejemplo de liderazgo, compromiso y visión.

