
El momento tuvo un peso histórico para una ciudad acostumbrada a la grandeza deportiva, pero que llevaba más de una década sin celebrar un campeonato de sus equipos tradicionales en las grandes ligas profesionales. El dueño de los Knicks, James Dolan, no esperó siquiera que le entregaran el trofeo: lo tomó, lo levantó al cielo y le habló directamente a Nueva York.
“¡Nueva York, lamento que haya tomado tanto tiempo! Pero aquí estamos, y esperemos que no vuelva a tardar tanto”, expresó Dolan, en medio de la euforia por una conquista largamente esperada.
Los Knicks cerraron la final con una victoria trabajada, fiel al guion de toda la serie. Fue su cuarto triunfo viniendo de atrás ante los Spurs, confirmando el carácter competitivo de un equipo que hizo de la resistencia una de sus grandes marcas en estos playoffs. En el Juego 4, en el Madison Square Garden, habían logrado una remontada memorable tras estar abajo por 29 puntos, una actuación que el comisionado de la NBA, Adam Silver, calificó como algo nunca antes visto.
La corona representa el tercer campeonato en la historia de los Knicks, que ahora se unen al grupo de franquicias con al menos tres títulos de NBA. Boston lidera con 18, seguido por Los Angeles Lakers con 17, Golden State con siete, Chicago con seis, San Antonio con cinco, y Filadelfia, Detroit y Miami con tres cada uno.
El título también cierra una larga etapa de frustraciones para una franquicia que, desde su último campeonato, pasó por 24 entrenadores y más de 400 jugadores. Figuras de enorme peso como Patrick Ewing, Allan Houston, Bernard King y Carmelo Anthony defendieron la camiseta de los Knicks sin poder poner fin a la sequía.
Esta vez, la historia fue diferente. Con Jalen Brunson como líder y ganador del premio al Jugador Más Valioso de las Finales, Nueva York encontró el rostro de su resurrección. Brunson apostó por sí mismo y por los Knicks, y la recompensa fue máxima: campeonato y MVP de la final.
Para la ciudad, el triunfo tiene un valor emocional inmenso. Los Yankees no ganan la Serie Mundial desde 2009, los Mets desde 1986, los Rangers levantaron por última vez la Copa Stanley en 1994, los Islanders en 1983 y los Jets no conquistan un Super Bowl desde 1969. Aunque Nueva York celebró recientemente títulos de las Liberty en la WNBA y del New York City FC en la MLS, este campeonato de los Knicks toca una fibra especial por la historia y la profundidad sentimental de la franquicia.
El Madison Square Garden vuelve a sentirse como el centro del baloncesto. Así lo resumió la leyenda Larry Johnson, quien celebró el renacer de la franquicia: “El Garden está de vuelta. La ciudad está con nosotros”.
Los Knicks, fundados en los albores de la NBA y protagonistas del primer partido en la historia de la liga en 1946, esperaron más de medio siglo para levantar nuevamente el trofeo. Ahora, Nueva York vuelve a la cima del baloncesto profesional con una corona que no solo rompe una sequía, sino que devuelve a la ciudad una vieja y poderosa sensación de grandeza.

